Misterio, seducción y melodrama

Por Marisa Zec

Pedro Almodóvar presenta un melodrama imperfecto y excesivo, con mayor racionalismo en el relato que sus películas anteriores. Buenas actuaciones, principalmente de Penélope Cruz, varias alusiones cinematográficas, y hasta un homenaje a su propio cine.

En el último tiempo, el Almodóvar que trascendió a España y llegó a Hollywood se impuso al Almodóvar original, el director desprolijo y bizarro, pero desprejuiciado.

En “Los abrazos rotos”, su película más cara, ambiciosa y la más sofisticada de su carrera en cuanto a puesta en escena, aparece el Almodóvar de los últimos tiempos y así surgen los excesos literarios y cinéfilos que ya habían aparecido en otras películas.

Desde este contexto Pedro Almodóvar vuelve a movilizar con otro melodrama, con dos hombres veteranos disputándose el amor de una atormentada Penélope Cruz.

La historia está narrada a dos tiempos, por un lado Mateo Blanco, rebautizado como Harry Caine, famoso guionista que ha quedado ciego años atrás, y por otro, quince años antes, el inicio de la relación de Ernesto Martel con la joven Lena (Cruz), desde que esta sufría por el deterioro físico de su padre y comienza a refugiarse en los paternales brazos del acaudalado Martel.

Almodóvar intenta mezclar misterio, seducción y melodrama. En su cine nada es muy impredecible. Aquí comienza describiendo la vida del oscuro, solitario y seductor Harry, y a partir de un proyecto que este tiene en mente para convertir en guión, es que da pie a una serie de reflexiones sobre los conflictos filiales que, uno imagina, serán la columna vertebral del film.

La trama termina por dejar a un lado los conflictos filiales, que demandan un mayor desarrollo. Más allá de la alteración temporal, estamos ante otro melodrama típico de Almodóvar.

Los abrazos rotos” contiene escenas con mucha fuerza como la confesión/doblaje del personaje de Penélope y proporciona al espectador un golpe de intensidad atípico.

Pero, tratándose de una película de Pedro Almodóvar se notan las ausencias de la sorpresa y la fuerza del descontrol en las escenas, características del realizador.

Los abrazos rotos” está bien filmada, la fotografía es muy interesante y los actores, como siempre, almodovarianos, con una Penelope Cruz que envuelve a los espectadores.

Más allá de ese claro intento de acercarse más al gran público, Almodóvar no perdió ni un gramo de su identidad, con todo lo que ello implica.

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