La experiencia de revivir la memoria

Por Marisa Zec

En el marco del juicio oral y público iniciado en nuestra ciudad contra los represores que actuaron en la última Dictadura Militar, los alumnos de periodismo del Iset 18 vivieron una experiencia difícil de olvidar. Nunca imaginaron estar tan cerca de dos de las víctimas del terrorismo de estado vivido en todo el territorio nacional durante la década del ´70.

Pasadas las 8, Olga Moyano y Ramón Verón se presentaron en una de las aulas de la Institución dispuestos a contar sus experiencias. “Nosotros fuimos los jóvenes que en la década del ‘70 deseábamos participar de las decisiones del país sin tener total conciencia de las posibles consecuencias”, opinó Olga.

Pero antes de comenzar, anticiparon a los presentes que en breve debían concurrir a una audiencia por lo que estaban un tanto apurados; no obstante expresaron el honor que les merecía estar allí aportando su granito de arena para la recuperación de la memoria que, por cierto, es lo que más les interesa.

Según ambos, lo que está ocurriendo es un hecho histórico para la provincia de Santa Fe ya que es la primera vez que se juzgará a los responsables del Terrorismo de Estado y Crímenes de Lesa Humanidad ocurridos específicamente en la Quinta de Funes y Fábrica de Armas. “Son cinco represores imputados en la causa Guerrieri, por el secuestro, tortura, asesinato y desaparición forzada de 29 personas, entre las que estábamos nosotros mismos”, sostuvieron.

Inmediatamente comenzó un relato sumamente interesante y al mismo tiempo estremecedor. Es increíble ver y escuchar a Olga y a Ramón hablando con tanta soltura y naturalidad y sobre todo, con una sonrisa en la cara que permaneció durante todo el encuentro.

Corría el año 1978 y Rosario era una de las sedes del Mundial de Futbol. Olga tenía 19 años y Ramón algunos más. Ambos trabajaban en el área de la salud de la ciudad y sin saber muy bien por qué, un día fueron secuestrados. “No hacíamos nada malo, simplemente éramos jóvenes rebeldes que participábamos en movilizaciones para expresar nuestras ideas. Nos sentíamos invulnerables ante todo y ante todos. Nunca imaginamos que eso nos costaría por poco la vida y la de nuestras familias”, afirmó Olga.

Por su parte Ramón contó que estuvo 66 días detenido en la Fábrica de Armas y que lo tenían con los ojos vendados. Es por eso que los sentidos, como el oído y el olfato, debieron agudizarse profundamente. De hecho, sólo pudo reconocer a uno de sus captores por haberle visto en cierta oportunidad parte de su mandíbula.

Los querellantes comentaron que actualmente se está llevando a cabo la etapa de lectura para la elevación a juicio. Luego vendrán los testimonios, fase que, ambos calificaron como “muy dura”. “Sera muy difícil revivir lo acontecido y contar paso a paso lo que sucedió”, agregó Ramón.

Llegando al final del encuentro, Olga esgrimió una frase muy conmovedora: “No somos héroes ni queremos serlo. No tenemos odio ni resentimiento sino ansias de justicia”, expresó. De hecho Ramón manifestó que le dolió más la soledad en la que se encontró varias veces que la picana eléctrica, una de las formas de tortura más usadas en la época de la represión.

Paradójicamente, en todo momento, ambos están acompañados por un joven policía que los protege a ellos y a los otros testigos. Y comentaron que para ellos representa un gran avance, el hecho de que una persona perteneciente a la fuerza policial, sea hoy quien los cuida.

Ninguno sabe que pasará. Desgraciadamente llama la atención encontrar “nombres conocidos” dentro de la justicia que, justamente, deberá juzgar a los acusados. No obstante están sumamente satisfechos con lo logrado hasta ahora: algunas voces en contra pero muchas más a favor encargándose de recordar día a día lo ocurrido.

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