Dar es Dar

Convencido de ser “la mano de Dios”, se vinculó a causas solidarias y como una ráfaga de viento pasó por Rosario, su ciudad natal, para dar cuenta de ello. Le bastaron cuatro horas de juego para alimentar la esperanza de un centenar de niños que, como todos, tienen “el sueño del pibe”: poder patear una pelota. Pero, como muchos de ellos no pueden debido a la atrofia muscular espinal, se conformaron con hacerlo a través de un videojuego. Y para sorpresa del público presente, no fue Lionel Messi el ganador del torneo, sino Santino Ombrella, un chico de 11 años que sintió tocar el cielo con las manos.

Este ejemplo de solidaridad por parte de un personaje públicamente reconocido y a través de su propia Fundación, se suma a otros casos ya existentes, muchas veces cuestionados. ¿Por qué? Simplemente porque vivimos en una sociedad en la que cuesta reconocer que “alguien” puede intentar hacer el bien y ayudar al prójimo.

Dos palabras del párrafo anterior son dignas de rescatar y comprender etimológicamente hablando, sobre todo si se intenta reflexionar sobre las actitudes de la vida cotidiana: solidaridad y prójimo.
La primera, tiene su raíz en el latín y significa "sólido", "compacto". Por su parte, la segunda, viene del latín proximus que quiere decir “próximo”, “cercano”. Así, el complemento de ambas significaciones podría referir a un compromiso sólido hacia una persona próxima que por el simple hecho de ser humano, debería ser objeto de caridad.

Es cierto que en la actualidad ha crecido el número de Fundaciones dedicadas a la beneficencia; es cierto también, que varias de ellas ocultarán segundas intenciones. Más allá de esto último, deberíamos convencernos de que existe el bien, la solidaridad, las ganas de ayudar y que muchas personas no esperan nada a cambio, sino que dan por el simple hecho de dar… “Dar es dar”, como diría el rosarino de ley.

Marisa Zec


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