Por Jónatan Raimundo
Sentirte discriminado por vivir en una villa, es una sensación horrible. Te sentís totalmente desamparado, desprotegido, solo. ¡Somos seres humanos!, no somos animales; creo que ni a un animal lo dejan tirado así.
Sentirte discriminado por vivir en una villa, es una sensación horrible. Te sentís totalmente desamparado, desprotegido, solo. ¡Somos seres humanos!, no somos animales; creo que ni a un animal lo dejan tirado así.
Le digo lo que pude ver y algunas cosas que escuché. Vivo al lado de la familia Ruiz, hace aproximadamente diez años. Sabía que Humberto sufría de convulsiones provocadas por la epilepsia, pero la tenía controlada.
El Lunes me contó que se sentía muy bien, que estaba haciendo ejercicio y que hacía mucho que no le agarraban los ataques. Pero lamentablemente, uno paga muy caro el hecho de vivir en una villa.
El Martes a las 17:30, Patricia, la cuñada de Humberto, me vino a buscar desesperada para que le dejara usar el teléfono, quería llamar al SAME, pero no me quiso asustar, me dijo "quedate tranquilo que es por precaución", cinco o diez minutos fué el tiempo estimado que le dijeron, pero no iban a entrar en la villa, quedaron en que llegaban hasta el correo viejo.
Desde las 18:45 esperamos la ambulancia, nunca llegó, después se que ella se tomó un colectivo hasta la comisaría. Parece que un policía llamó al SAME y le dijeron que la ambulancia estaba en el destacamento, ella no le creyó. No querían entrar dos cuadras y se iban a internar dentro de la villa...era raro.
A las dos horas y media la ambulancia había llegado al correo viejo, pero se negó a entrar. Lo que más nos indignó fueron las palabras del chofer: "traeteló en una carretilla", ¿usted puede creer? ni la camilla nos prestaron, tuvimos que ir a buscar una puerta de madera, para poder subirlo. Ayudaron unos muchachos que estaban cavando la zanga para las cloacas. Pero como Humberto era muy pesado, hicimos una cuadra y por suerte un vecino lo subió a su Fiat 600 y lo llevó hasta la ambulancia.
Habían pasado más de tres horas cuando llegó desfalleciente a un destacamento de prefectura. Ya era muy tarde, fue muy duro ver a su hijito llorar, sus lagrimas pedía que le devuelvan a su papá, al "sapito" como le decían los amigos.
El corte en la autopista Illia, no fué para pedir un techo, comida ni plata, fué el último grito del sapito reclamando Justicia. Esto es todo lo que le puedo decir señor Juez, Humberto murió porque nació en una villa.