El Lole se fue a la banquina

Cuando creemos que Carlos Alberto Reutemann no tiene nada para decir o hacer, se encarga de generar reacciones que repercuten en el sentir fetichista de los medios de comunicación en su imperiosa búsqueda de declaraciones y hechos para vender la noticia como si fuese un paquete. Desde la campaña para las elecciones legislativas del 28 de junio el “lole” se ha transformado en el niño mimado de la derecha argentina, contando con el apoyo de la Fundación Libertad de nuestra ciudad, institución neoliberal que desde hace décadas viene imponiendo la agenda política y económica de nuestra provincia. Pero Reutemann es así, y no lo tilden de improvisado porque el reelecto Senador siempre se las ingenia para estar en boca de todos y alargar su vida política, práctica funcional que ha heredado de su mentor en las artes del engaño, Carlos Menem, desde los primeros años de los noventa en variadas situaciones. En primer lugar hay que destacar el conflicto en la relación con su compañera de banca de Santa Fe Federal, cuando Roxana Latorre votó a favor para que el Gobierno Nacional pueda extender sus facultades delegadas al menos un año más, y haciendo entrar en cólera al ex corredor y a su séquito sojero, escudado bajo la Mesa de Enlace y los agronegocios, verdaderos núcleos reaccionarios de un plan anti-soberanía que está masacrando comunidades enteras. Posteriormente, el “lole” soltó un exabrupto al sostener que la decisión de Latorre está enmarcada en una campaña liderada por el kirchnerismo que quiere bajar de la candidatura para la presidencia del 2011 al ex gobernador santafesino, que remató con una frase patética, desubicada y desprovista de toda racionalidad. Consecuente con su discurso decadente, el hombre de 67 años aseguró en distintos medios que es “más de izquierda que lo que muchos piensan”, advirtiendo también que sigue el ejemplo de Luis Inácio Lula Da Silva, Presidente de Brasil, queriendo emparentarse con la figura del líder del país vecino que ha recibido grandes elogios por parte de la derecha argentina, encontrando en aquella tierra el clímax perfecto. Esta situación pone al desnudo la verdadera esencia de Reutemann, y con ello trae aparejado las internas que hay entre los políticos que emprenden una guerra de intereses personales olvidando al pueblo, a quienes le deben representatividad. En el caso específico del Senador, su prontuario es un agujero negro: cuando fue gobernador de Santa Fe desvió 57 millones de dólares al ingeniero Arno, pero ese dinero tenia otro destino primordial: Villa Ocampo. Jorge Massat, senador durante el gobierno de Reutemann y amigo de este, fue procesado y condenado por enriquecimiento ilícito, pero el lole (fiel a su práctica de callar, hacerse el tonto y mirar para otro lado), esquivó las culpas como en el pasado lo hacia con los conitos de prácticas de automovilismo. Los números de Carlos Reutemann son contundentes: en sus dos mandatos le obsequió a 67 amigos la justicia provincial; el día antes de irse eligió 57 jueces de paz, que en su mayoría (casi el 90%) no reunía las facultades para desempeñar esos cargos; las denuncias por corrupción (3132) aumentaban a medida que Reutemann respiraba; tan “buen amigo como es”, ayudó al obispo Storni a lavar sus pecados, para que el cura pedófilo no fuera investigado y, posteriormente, procesado. La lista negra del lole continúa y, para colmo de males, el 40 % de los ciudadanos le concedió el visto bueno para que pueda seguir engrosando su prontuario. La personallidad del senador hace pensar en una persona que elige mirar al costado ante las responsabilidades que le competen como representante de la provincia de Santa Fe, se desentiende de todo lo que se le imputa pero esta muy conciente a la hora de negociar con el imperio sojero. Los dichos de Carlos Reutemann lo han depositado nuevamente en la cresta de ola de la opinión pública, amparados por la existencia de un periodismo voraz que necesita declaraciones de este tipo para generar hechos informativos lamentables.

Nicolás Ferrera

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