Por Francisco Costa.
En el último fin de semana largo murieron veinte personas en accidentes de tránsito en las rutas. Mientras los datos y la preocupación por estas desgracias se suceden, pareciera ser que la perspectiva de un cambio profundo que englobe a conductores y la seguridad vial resulta ser efímero.
La mayor parte de los accidentes de tránsito se debe a la imprudencia de los conductores. La falta de conciencia es un hecho común cada vez que sucede un infortunio. Quienes tienen delante un volante creen ser los dueños de las calles, por ello las altas velocidades, querer pasar sin tener prioridad, son las principales causas de las tragedias. La gente también maneja de acuerdo a su estilo de vida. Son constantes que, lamentablemente, en nuestro país las tenemos que vivir a diario.
Argentina es el país del mundo que tiene mayor cantidad de accidentes de tránsito según estadísticas. No solamente es un problema de quienes conducen, sino también de los encargados de la seguridad vial. Los exámenes prácticos para la entrega de los carnets de conducir son muy pobres. Quienes lo rinden, solamente tienen que conducir durante diez minutos, y se hace hincapié aún mas en la forma de estacionar del conductor que aspira a obtenerlo, que su manejo en sí. Mientras que, quienes están encargados de producir estas pruebas, introducen mayor dificultad en el examen teórico. A su vez, los inspectores de tránsito, no sancionan con la dureza que deberían a quienes cometen infracciones, pasan semáforos en rojo, van a velocidades mas allá de las permitidas. No basta solamente con secuestrar el auto, o realizar multas, hay que retener el carnet y no dárselo hasta que un juez lo permita. Puede que no sea suficiente, pero todo tiene un comienzo.
Las estadísticas también señalan que en nuestro país, las cifras ascienden a más de diez mil muertos por año. Datos estremecedores, tratándose de que se tratan de vehículos. Pareciera ser que la conciencia se deja de lado, y la imprudencia está a la orden del día. Debemos cuidar nuestra vida y saber que la culpa no la tiene uno o dos, la tenemos todos. No nos permitimos progresar en materia vial, y de esta manera, nos vamos a quedar estancados mientras que las muertes seguirán sucediéndose y en aumento. Tenemos que reclamar nuevas políticas que ayuden a desaparecer este flagelo social, concientizar a la gente que la calle no es un peligro, pero hay que tenerle respeto y andar con cuidado por ella. Solo así, de esta manera, podremos estar más tranquilos cuando caminamos o manejamos por la misma.
Los problemas viales van desde conductores, pasando por políticos, inspectores, hasta los peatones. Las muertes se suceden y no se hace nada para impedir ello. Como dije anteriormente, el problema engloba a toda la población. No debemos quedarnos solamente en datos que dan estadísticas sino actuar. Es necesario hacer campañas para educar a la población acerca de la necesidad de manejar vehículos con prudencia. Respetándonos los unos a los otros, dejando el paso cuando es necesario, manteniendo las velocidades permitidas, solo así lograremos el cometido que es bajar esas estadísticas y poder ser un ejemplo vial a nivel mundial.
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