FAMILIA: AMOR, DIVERSIDAD Y TOLERANCIA

 Por Luciana Pennesi

Hace aproximadamente veinte días, el Congreso de la Nación Argentina aprobó la ley de matrimonio igualitario que permite la unión entre personas de un mismo sexo y, entre sus puntos más controvertidos y discutidos, se encuentra la posibilidad que gays y lesbianas puedan adoptar luego de casarse.
El tema dio lugar a opiniones a favor y en contra desde el mismo momento en que se insinuó que podía convertirse en ley, y uno de los argumentos más utilizados por los detractores del matrimonio igualitario fue que atentaba contra la familia y ponía en peligro los valores de esta institución. Pero, ¿qué es en realidad la “familia”: un hombre, una mujer y sus hijos?; si uno de estos miembros falta, ¿se rompe la familia, desaparece?; y lo más importante, ¿adquirimos valores sólo si crecimos en el seno de un hogar que tiene una mamá mujer y un papá hombre?
La “familia” es una construcción cultural cuyas características van cambiando de acuerdo a las modificaciones en los estilos de vida de cada momento particular de la historia. La familia existe independientemente de los gustos sexuales de sus integrantes y está basada en los valores, el amor y el cariño que pueden transmitirse sus miembros. El matrimonio entre personas de un mismo sexo no viene a romper a la “familia”; por el contrario, fortalece esta institución al permitir que cualquier persona pueda trasmitir amor más allá de sus intereses y gustos personales.
Vivimos en un mundo de profundos cambios y entre éstos se encuentra el de aceptar la diversidad y las diferencias. Nuestros niños son formados y educados desde esa multiplicidad de gustos y, a través de esa enseñanza, pueden aceptar que existen distintos tipos de familias y no se aterrorizan ante la posibilidad de que existen padres que pueden ser dos hombres o dos mujeres. Son los mayores a los que les da pánico vivir en una sociedad abierta que respeta y acepta lo diferente.
La generación de los adultos fue criada en una Argentina con gran influencia de la Iglesia Católica. Esta institución, defensora acérrima de la “familia”, históricamente se opuso a los cambios sociales que marcaban los tiempos: aborto, anticoncepción, fertilización, divorcio; y hoy nuevamente va en contra de lo que imponen los tiempos y levanta la bandera en contra del matrimonio igualitario. Lo que tendría que rever la Iglesia son sus propios dogmas, basados en una postura rígida, autoritaria y anticuada, que llevó a que muchos de sus fieles se alejen por sentirse excluidos al no ser respetados sus gustos.
La Iglesia Católica, que se jacta de dar amor y perdón a toda su gente, está generando la mayor desunión en la sociedad, y es ella quien mayor daño le hace a la familia porque no permite que quien tiene gustos distintos pueda formar un hogar en el que no importe el sexo de sus integrantes sino sólo el amor y los valores que puedan primar dentro de ese seno.
El matrimonio igualitario ya es ley; la institución familiar va a seguir existiendo y, sobre todo, esta nueva reglamentación va a dar lugar a la conformación de muchas más familias, en las que el respeto por la diversidad va a ser el mayor ejemplo para demostrar que todos podemos crecer y formarnos en ambientes llenos de amor, más allá de si éste proviene de un hombre y una mujer o de dos personas de un mismo sexo. La familia existe por encima de los gustos de sus miembros y sólo tiene éxito y solidez si sus integrantes están capacitados para transmitir y dar amor.

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