LA HISTORIA ¿SIEMPRE SE REPITE?

Dentro de un año, aproximadamente, los argentinos estaremos eligiendo a un presidente que representará y conducirá nuestro país durante cuatro años. La pelea electoral ya empieza a asomar y con el paso de los días se irá recrudeciendo hasta convertirse en una verdadera batalla por el poder.
La carrera por la presidencia es larga porque faltan más de doce meses para que los ciudadanos argentinos nos acerquemos a las urnas, pero desde ahora podemos afirmar que uno de los frentes que se presentará como candidato será el kirchnerismo (aunque todavía no esté claro quién, entre ellos, irá por la presidencia). Lo que genera dudas e incertidumbres es quién será candidato por la oposición. El Acuerdo Cívico aparece como el más firme adversario para los Kirchner, pero ¿llegará a octubre de 2011 como un bloque compacto, unido y, sobre todo, con propuestas claras y en condiciones de ser puestas en práctica por todos sus miembros?
El kirchnerismo, con sus aciertos y desaciertos, siempre se esforzó por mostrarse como un partido fuerte, con convicciones claras y avaladas por sus políticas. En cambio, el Acuerdo Cívico enfrenta el serio problema de estar compuesto por varios partidos, cada uno con ideologías y líneas políticas totalmente diferentes y por momentos hasta opuestas.
Si nos retrotraemos unos años en la historia argentina, el Acuerdo Cívico podría compararse a la Alianza, que llevó a la presidencia en 1999 a Fernando De la Rúa: ambos están formados por políticos con diferentes banderas, pero sobre todo por políticos muy poco comprometidos con la sociedad, a los que les interesa más el escándalo, el desprestigio del que está al lado, que pelear por un país más justo, más equitativo y por la puesta en marcha de un modelo más inclusivo para todos.
En un país que supo mucho de incoherencia, de corrupción y de abusos de parte de sus dirigentes, es triste ver que uno de los partidos que puede tener en su seno a nuestro futuro presidente esté inundado por la crisis, la fragmentación y el enfrentamiento permanente. Las comparaciones siempre son odiosas pero se tornan inevitables; esperemos que el tradicional dicho “la historia se repite” esta vez no tenga validez: nadie quiere una nueva Alianza en nuestro país como aquella de 1999, pero mucho menos queremos un nuevo 2001. Ciudadanos y dirigentes todavía estamos a tiempo de cambiar el curso de los acontecimientos, sólo hace falta un poco de compromiso de parte de toda la sociedad.

Luciana Pennesi

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